XXV

Willow:

No me di cuenta de las marcas en mi cuello hasta que Easton me lo señaló. Con razón la gente me miraba raro, había tenido tanta prisa esta mañana que ni lo noté, y para colmo, aparecían estos dos.

- ¡Ella no puede ser una mujer indecente por el bien de nuestro hijo! ‒era un imbécil total.

- ¡Basta Alexander! ‒grito dejando a todos mudos, mis manos temblaban debido a la rabia, ¿cómo se atrevía a decir semejantes sandeces? Me tenía cansada‒, sabes que ese niño no me quiere porque te encar
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