Mundo ficciónIniciar sesiónCuando regresaron ya era bastante tarde, estaba acostada pero no dormida, había estado llorando mientras veía fotos de mi madre y mi hermano, antes de que la familia Langley apareciera y jodiera todo, no fue suficiente con haber engañado a mi madre con promesas vacías, también tuvo que apartarnos de su lado cuando más nos necesitaba, apenas pudimos verla cuando murió, sus últimas palabras fueron: cuida a tu hermano por mí.
Y eso me llevó a otro recuerdo.
Estaba tomando té con la señora Redmond cuando Lucas colapsó de repente, me había asustado tanto, de inmediato la señora llamó a la ambulancia y se lo llevaron de emergencia, una vez ahí le hicieron estudios y no pudieron dar con la causa, así que siguieron haciendo más y más, la señora Langley estaba de mal humor viendo el dinero que se gastaba en ese pequeño bastardo, a pesar de ver el malestar en su cara, no decía una sola palabra, poco sabía yo que estaba preparando algo peor.
Había vuelto a la casa de los Redmond por petición de la matriarca, al llegar pude ver a un joven dos años mayor que yo, era guapo y pese a su rostro serio, tenía una mirada tranquila pero distante.
- Buenas tardes, abuela, tengo que irme ‒sin esperar respuesta se apresura a salir.
- Querida, ¿cómo sigue tu hermano? ‒pregunta ignorando la salida del que creo, es su nieto. Muerdo mi labio y niego.
- Está estable, pero no saben aún que tiene ‒me invita a sentarme, no podía negarme, ella siempre había sido muy amable.
- No te preocupes querida, pronto todo pasará y volverá a tu lado ‒le dedico una pequeña sonrisa‒. Querida, sé que no es momento, quizás nunca sea un buen momento, quiero que te cases con mi nieto Alexander ‒mis ojos se abren grandes por la sorpresa.
- Señora Redmond, estoy muy agradecida con usted pero no puedo casarme con él, no lo conozco y ya tengo a alguien a quien amo ‒no pude evitar sonreír al pensar en él.
- Me encantaría tanto que fueras mi nieta, lo sabes, ¿verdad? Después de todo, he sido muy buena contigo y con tu hermano ‒trago saliva, claro que lo sabía, si estábamos enteros era gracias a su generosidad.
- Soy consciente de eso, pero le aseguró que le pagaré en el futuro, si me disculpa ‒digo suave antes de ponerme de pie y salir de ahí.
No sabía que la vida me tenía preparado algo más, de esa situación podría escapar porque no importaba cuán agradecida estuviera, no era obligatorio pagarla de esa manera, pero la señora Langley sin duda no pensaba lo mismo, y me amenazó con las dos personas que más amaba, mi primer amor y mi hermano, mi madre me había pedido cuidarlo y pesé al dolor de la separación, decidí proteger a mi hermano.
Y eso es lo que he hecho, cuidarlo de todo y todos.
Siento que la cama se hunde y me sorprendo que él venga a dormir a la habitación, por lo regular se queda en otro lado, no sé si en la habitación de Claire, pero es algo que no me incumbe ni me importa.
- Recordé que hoy es tu cumpleaños también ‒no me muevo, pero alzo las cejas por la sorpresa, esa era la respuesta más genuina que he tenido en mucho tiempo.
- De todos modos, no me gusta celebrar ‒no desde que me apartaron de mi madre‒, así que no pasa nada, buenas noches ‒durante estos casi siete años jamás lo recordó, no entendía porque justo este año sí, pero no me importaba.
- Compré algo para ti, llega mañana ‒cierro los ojos sin decir una palabra más, necesitaba hacerle creer que estaba dormida.
Supongo que en algún punto así fue, porque al despertar estaba un pequeño pastel en la mesita de noche, suspiro al ver la cubierta, era de crema de mantequilla, a la que era alérgica, seguro tendría durazno de relleno, algo que no me gustaba.
Suspiro antes de ponerme de pie, tomo el pastel y lo tiro a la basura, seguro era idea de Claire, esa mujer sabía más cosas que mi supuesto marido.
Voy al baño para orinar y tras terminar me lavo la cara así como los dientes, salgo para cambiarme. Una vez lista bajo las escaleras, por suerte Ethan estaba en la escuela y Alexander trabajando junto a Claire, quién no le bastaba el trabajo como instructora de piano de Ethan, también debía servirle a Alexander como su secretaria. Igual no me importaba.
- Señora, buenos días ‒miro a Lula que se acerca, la saludo de vuelta‒, el señor y el señorito no vendrán a comer, pero hay un evento en la noche y el señor quiere que asista, debe prepararse ‒asiento, camino a la cocina para desayunar, después tendría que ir al salón de belleza para comenzar con el tratamiento, cualquiera pensaría que es la gloria, pero no, era un pajarito en una jaula de oro, lujosa, majestuosa, pero jaula al fin.
Cerca de las cuatro vuelvo a la casa para comer algo ligero, me cambiaría cerca de las seis y media ya que el evento comenzaba a las ocho, debía salir de aquí con tiempo.
Una vez lista subo al auto donde el chofer ya me espera, le digo buenas noches y él responde de manera escueta, como siempre, al inicio intentaba llevarme bien con ellos, pero conforme pasó el tiempo me di por vencida, en realidad con todo ahora que lo pensaba mejor.
- Gracias ‒le digo a James cuando me ayuda a bajar, acomodo mi abrigo y entro con paso firme al salón de aquel prestigioso hotel, había asistido varias veces así que conocía el lugar.
Al llegar donde estaba Alexander, no me sorprendió ver a su lado a Claire, aquí íbamos de nuevo, ojalá me hubiese avisado que mi presencia no era requerida y me hubiese ahorrado tanto trabajo.
- Señora Redmond, buenas noches ‒dice uno de los socios de Alexander, pongo mi mejor sonrisa social.
- Señor Turner, un gusto verlo de nuevo ‒besa el dorso de mi mano, Claire parecía molesta ya que ahora toda la atención estaba en mí, después de todo yo era la esposa y ella era una amante, por más inocente que intentara presentarse.
- Señora Redmond, se ve preciosa, ese color le queda perfecto ‒quién hablaba era la esposa de otro socio, solíamos tomar café algunas veces, no era por gusto sino por obligación, otra cosa que odiaba de ser la señora Redmond.
- Gracias, su peinado es muy bonito, debe decirme el nombre de su estilista, me encantaría visitarla ‒la mujer parece encantada, era fácil ponerlas de mi lado con cumplidos vacíos.
- La señorita Prescott también se ve muy bien, ¿no le parece señora Redmond? ‒dice Amanda, era bien sabido que estaba enamorada de Alexander y siempre buscaba hacerme sentir mal, era una lástima que nada de eso funcionaba, ella aplicaba la de: el enemigo de tu enemigo es tu amigo, pero al parecer, ella era la única que veía esto como una competencia.
- Sí, se ve encantadora ‒digo antes de tomar un sorbo de mi copa de vino. La cara de Amanda se descompone al instante, sabía que no sería lo único que haría, y como siempre, su jugada maestra vino más tarde, cuando me hizo tropezar vertiendo mi copa en el vestido de Claire.
- Señora Redmond, sé que esta celosa, pero hacer algo como eso ‒dice Amanda en falso tono preocupado, intento que mi rostro no demuestre ninguna reacción.
- Lo lamento señorita Prescott, fue un accidente ‒de reojo veo a Alexander, luce molesto y sabía lo que venía después.
- Esta bien, sé que no lo hizo a propósito, igual es un malentendido que viniera con Alexander, como su asistente debía conocer a las personas ‒sin duda esas dos eran tal para cual.
- Vamos para que se cambie, hay habitaciones con vestidos de repuesto ‒antes de que pueda decir otra cosa, Alexander se apresura a llegar, con suavidad toma mi brazo.
- Vamos esposa, ayuda a Claire ‒asiento con una sonrisa que no alcanza mis ojos.
Nos guía a ambas, pero mientras el agarre en Claire es suave, en mi brazo se vuelve cada vez más fuerte, sin embargo no me quejo o hago sonido alguno, de todos modos no servía de nada.
- Fue un malentendido Alexander ‒intenta, en vano si debía decir; calmar a Alexander, pero sabía que no lo dejaría pasar. Abre una puerta y me empuja dentro, invita a la otra a pasar y una vez ambas estamos dentro, cierra la puerta antes de que su mano impacte en mi mejilla con una sonora y fuerte bofetada que me manda al suelo, siento el sabor a oxido y sé que estoy sangrando.
- ¿De verdad tienes que hacer este tipo de escenas? ‒evito mirarlo y sólo me limito a limpiar mi labio.
- Lo lamento, no volverá a pasar ‒a pesar de decir eso con calma, por dentro estaba hirviendo de rabia.
- Cada vez te soporto menos, mi abuela ya no está y no tengo porque darle gusto al seguir casado contigo, debería divorciarme de ti ‒eso me hace entrar en pánico, no porque no quisiera, sino por lo que mi madrastra me haría.
- No, por favor no, me voy a comportar mejor, haré lo que digas ‒me había aferrado a su pantalón, sólo Dios sabía porque me humillaba de esta manera.
- Pídele perdón a Claire en este momento ‒aprieto los dientes mientras asiento.
- Lo siento mucho Claire, no era mi intención hacerte quedar mal ‒quería llorar de la rabia, no había hecho nada y aun así, tenía que disculparme.
- No se preocupe señora Redmond, por favor, póngase de pie ‒ahí estaba, la santa e inocente Claire.
- Déjala, vamos a qué te cambies ‒sin más toma suave su brazo y la saca de esa habitación, dejándome sola, lo que era mejor para mí.







