— Preciosa — me dice — Solo quiero casarme contigo — su mirada me envuelve — No voy a aceptar que me presionen — Dante toma mi cara entre sus manos.
— Lo siento, pero no puedo aceptar — las lágrimas comienzan a descender por mis mejillas y me giro para salir del despacho — no insistas, o me veré en la obligación de renunciar como diseñadora e irme — lo amenazo, sé que no es lo ideal, pero Dante puede perderlo todo, dejar sin empleo a todos mis compañeros y enfrentar millonarias demandas.
— Ver