Tu estrella equivocada (Serie: el amor de un famoso 2)
Tu estrella equivocada (Serie: el amor de un famoso 2)
Por: Hana C
Le Majestic

Él

— Lárgate — le digo a la chica que se encuentra desnuda en mi cama.

Algo me molesta, sé que es importante, pero no logro recordarlo. Además, esta noche ha sido magnífica, diferente.

En realidad, no deseo que se vaya porque me hizo sentir como nunca en mi vida, creo que sentí demasiado y aunque suene contradictorio, no puedo aceptarlo, no tengo tiempo para esto.

Me levanto desnudo de la cama y camino hasta la puerta ventana de la terraza, la luz inunda la suite del séptimo piso del hotel "Le Majestic" en Cannes.

Ayer, después de celebrar la premiación de mi primera película independiente, decidí quedarme en Cannes y no viajar hasta mi Villa, que se encuentra cerca. Creo que Jean-Luc, mi asistente, el pobre, tuvo que hacer milagros para reservar esta suite. Por algo lo conservo, es el mejor en su trabajo.

— ¿Todavía sigues aquí? — dejo de observar el Mediterráneo y me giro para encontrarla mirándome fijamente.

Es hermosa, alta, con un color de piel caramelo hermosísimo, sus ojos marrones, sus largas pestañas y boca de labios gruesos y provocativos, me hacen dudar de mi decisión de hacerla partir.

Su cabello negro, rizado y un poco corto, está hecho un desastre, pero se ve hermosa, con un aire de chica pícara.

La sabana blanca de seda, cubre su tersa y sedosa piel, no puedo ver su cuerpo y me distraigo por unos segundos recordando sus perfectas curvas, sus erectos senos y largas piernas, pensando en el calor de su interior al recibirme en su cuerpo, mientras se abrazaba a mí y me hacía sentir en casa. Pensando en como una y otra vez me perdí, en medio de su cuerpo de pecado.

— Yo... — la chica aprieta con fuerza la sábana y baja la mirada — No logro encontrar mi ropa — me dice al final y sé que está avergonzada, pobrecita, no sé cómo lo hace, porque después de todo lo que me permitió hacerle anoche, la vergüenza no tiene cabida en esta habitación.

— Creo — me acerco a ella y pongo mi mano sobre la suya, los nudillos de sus dedos se están volviendo blancos de la fuerza con la que sostiene la sabana, los separo uno a uno y acerco mi boca a la suya — que todo — susurro — está en el salón — de un solo tirón hago que su sábana caiga al suelo, mi mirada se vuelve a maravillar al ver su perfección.

La chica abre los ojos con asombro y corre hacia el salón, me río, pero en esta ocasión no siento la gracia, no es divertido.

— Espera — la sigo y veo como está intentando ponerse su vestido, me acerco y pongo mi mano sobre su espalda, inmediatamente siento la energía que me atrae hacia ella, mi cuerpo reacciona y mi erección se hace evidente, sigo desnudo, así que no es fácil de disimular, ella se detiene, cierra sus manos en puños, su cuerpo se tensa, pero no sé gira — Lo siento, no quise ser tan brusco — En general no pido disculpas y mucho menos a alguien que acabo de echar de mi cama.

Siento cuando su cuerpo se relaja, no resisto la tentación y desciendo mis dedos suavemente por su espalda, su cuerpo reacciona, tiembla y yo me acerco a ella y presionó el mío contra su espalda.

Mi amigo, travieso, busca un espacio entre sus nalgas, me inclino un poco, llevo mi mano izquierda a su cintura y presiono un poco más, escucho como su respiración se entrecorta y sonrío, todavía tengo ganas de ella, así que bajo mi mano con calma, paso por su cintura, ombligo y pelvis, cuando llego hasta la maravillosa entrada de su interior, presiono y giro mis dedos, cierro los ojos un momento y la escucho gemir bajito.  Al abrirlos me maravillo de la majestuosidad del Mediterráneo, que puede verse desde mi ventana y pienso en lo majestuosa que también es esta mujer, que humedece mis dedos con su deseo y comienza a derretir mi corazón.

Me inclino un poco más y beso su cuello, su mano se cierra contra la mía y presiona, mostrándome como quiere ser tocada.

— Virginia — Susurro y olvido inmediatamente lo que quería decirle, porque nunca recuerdo el nombre de las chicas con las que he dormido, mi asistente es quien se encarga de conservar esa información. Esto es inquietante.

— Tengo que irme — me dice, pero su cuerpo tiembla, está excitada y el sentimiento es mutuo

— No — presiono más fuerte — ¡Quédate! — Sé que va a hacerlo, no puede resistirme y yo tampoco puedo hacerlo, muevo mis dedos en su intimidad, su cabeza se reclina contra mi pecho, porque a pesar de ser alta, yo lo soy mucho más. Gime, sé que pronto va a correrse y luego la tendré contra la ventana, follándomela como un loco mientras admiro el Mediterráneo.

Siento como su cuerpo tiembla, sus gemidos aumentan, el orgasmo la está invadiendo y notar todo eso en esta increible mujer, es un placer.

— Córrete, preciosa — su grito hace que mi erección aumente, pero en el momento que la giro hacia mí, para apoderarme de su provocativa boca, el sonido de su teléfono la distrae — no contestes — le digo.

— ¿Aló? — su voz entrecortada por el orgasmo. Intenta calmar su respiración. Se aleja de mi lado y recupera su ropa del suelo — Ya voy para allá, lo siento, olvidé llamarte — frunzo el ceño ¿Con quién diablos habla?

— Lo siento... debo irme — se viste deprisa y antes de salir de la suite, se vuelve a mirarme — Gracias — Es lo único que dice antes de cerrar la puerta.

Estoy impresionado, me siento usado, la chica no me llamó cariño, ni mucho menos dijo mi nombre ¿Acaso no lo recordaba?

Estoy enojado, frustrado y excitado, me dirijo a la habitación donde se encuentra mi ropa, me visto y camino hacia la mesa auxiliar al lado de la inmensa cama, para recuperar mi Rolex Cosmograph.  Antes de cerrarlo en mi muñeca, algo llama mi atención, me acerco a la cama y veo sobre la sábana una mancha roja, me inclino y reviso con mayor detalle, entonces me doy cuenta de que, lo que me molestaba desde que desperté está mañana, era que anoche mientras Virginia y yo teníamos sexo por primera vez, estaba muy excitado y fui muy brusco, y por un instante sentí una barrera en su cuerpo y pensé que lo estaba imaginando; Solo que no era mi imaginación, era real y Virginia, era virgen.

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Ella

No puedo creerlo, me he entregado a un hombre sin conocerlo, he roto todos los principios y promesas que me he hecho durante toda mi vida. Sin embargo, me siento plena, esta noche ha sido la más increíble de mi vida, no sabía que alguien podía hacerte sentir así de especial y mucho menos cuando no lo conocías.

La mayoría de mis amigas me habían dicho que la primera vez era horrible, mucho dolor y nada de placer; Yo no puedo negar que sentí un poco de dolor, pero el placer superó con creces mis expectativas y hace un momento, no puedo creer que le permitiera seguir usándome de esa manera y a plena luz del día, pero escucharlo hablar y tocarme, me llevó de nuevo a otro orgasmo increíble.

Me llevo las manos a la cara, me acomodo el cabello y entro a nuestro pequeño apartamento.

— ¿Vera? ¿Eres tú? — mi hermana gemela sale de su habitación, lleva el cabello en un recogido informal y su cara limpia de todo maquillaje, contrario a la mía — ¿Por qué vuelves hasta esta hora? ¿Cómo te fue? — me pregunta entrando a la cocina a preparar café.

— Bien, creo, la gente me vio y algunas personas me hablaron — le digo y trato de ir rápidamente a mi pequeña habitación.

— ¿Y por qué llegas hasta esta hora? — Sabía que tenía que regresar primero que ella, soy una idiota.

— La fiesta terminó tarde y no me sentía muy bien, creo que bebí un poco más de lo que debía, así que me quedé en un café durante un buen momento — invento rápidamente y recibo de sus manos una taza de café, lo que bloquea completamente mi interés de esconderme en mi habitación — ¿Y a ti cómo te fue? — le pregunto, porque al final, yo fui a esa fiesta para ayudarla a ella "No para entregarle mi virginidad a un desconocido" me digo a mí misma y siento que mis mejillas arden profundamente.

— Pues pronto haremos maletas, querida — corre y me abraza, yo hago malabares para no tirarme o tirarle el café encima.

— ¡Cuidado! — grito.

— El chico con el que salí es un actor que por ahora es un poco desconocido, pero va a estar en la nueva película del director Dante LeMaire — No tengo ni idea de quién es — Ya sabes, el director y productor franco americano que anda ganando premios por montón e hizo su primera película independiente — aplaude — ¡Como él es bello! — suspira — El hecho es que él o bueno, los dueños del proyecto, están contratando varios actores secundarios y técnicos, de sonido, vestuario — me dice mirándome con los ojos abiertos — es nuestra oportunidad Vera, tenemos que irnos para los Ángeles y como me hiciste el favor de estar en la fiesta, ya no tendré problema, alguien me verá y se acordará de haber hablado conmigo en la fiesta o al menos haberme visto y hasta podré hablarles — me abraza de nuevo y me da un sonoro beso — Yo sabía que funcionaría, que podría sacarle información a este actor y de paso ser vista en la fiesta, gracias a ti, Vera, mi relacionista pública — se aleja y continúa hablando, como hace siempre — Trabajaremos juntas, tú como diseñadora de vestuario y yo como actriz — se detiene un momento mientras revisa algo en su celular — ¿te imaginas? Nadie podrá pararnos, y no tendremos que separarnos, estaremos juntas, viviremos juntas — abre sus manos en un gesto dramático — Las gemelas Levy. Virginia y Vera Levy.

— No podemos dejarlo todo tirado, Virginia — le digo y camino hacia el sofá y me siento.

— Claro que sí, somos huérfanas con unos trabajos de m****a, solo nos tenemos a nosotras mismas, Así que nos iremos — se sienta a mi lado — De verdad, gracias por haber ido en mi lugar — suspira y me abraza con fuerza, es tan empalagosa — Ahora mira las fotos de la gala y dime a quién viste, así sabré con quién podré hablar directamente — reviso una de las fotos y mi corazón comienza a palpitar a mil por hora, el chico de anoche está ahí y aunque trato de recordar su nombre no lo logro

— ¡Ah mira! — dice mi hermana — ese es el director del que te hablaba — Me muestra la foto de un hombre alto, delgado, pero musculoso, con el cabell abundante, de un tono rubio cenizo, una cara masculina con una sombra de barba y los ojos color miel más increíbles que he visto en mi vida. ¿Dan?, he recordado su nombre ¡No puede ser!

— Es Dante LeMaire, a que es lindo ¿no? ¿Acaso no lo viste? — ¡Dios mío! Claro que lo vi y pasé toda la noche en su cama — Pues fíjate, no le gustan las actrices que lo seducen para conseguir un papel, así que mejor que no lo viste, así no se formará una imagen negativa de mí — levanto la mirada de la foto y le pido a Dios y a todos los santos, que no me recuerde o no solo yo perderé algo a causa de él, porque aparte de mi virginidad, mi hermana corre el riesgo de perder su sueño, antes de comenzarlo.

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