POV de NINA
La matriz estaba blindada. El fideicomiso de mi hijo era inexpugnable. Pero al cruzar el umbral de mi dormitorio privado, el olor a yodo, sudor agrio y medicación concentrada me devolvió al diagnóstico clínico más oscuro de mi realidad doméstica.
—¿Ha vuelto a subir la temperatura, Carmen? —pregunté, mi voz saliendo en un susurro sibilante, plano, mientras me despojaba de mi portafolios de cuero sobre la mesa auxiliar.
—Doctora... —la voz de la anciana sirvienta resonó desde el pasi