Tártaro
Estaba descendiendo más y más en esa cueva profunda y helada, la oscuridad parecía querer envolverme de todas las formas posibles, un lugar sin alegría ni consuelo.
Mis pies después de lo que parecieron horas tocaron el suelo pedregoso y el olor de ese lugar me golpeó entonces, olor a sangre, sudor y otras cosas.
Pensé en Perséfone en este lugar monstruoso y oscuro, ese olor sin duda le habría dado náuseas.
Pensar en ella hizo que mi corazón se encogiera, pensando en lo que había hecho.