Sentada en el sofá de la pequeña sala de su habitación, Helena veía a Andrés dirigirse a la barra sobre la que estaban enfiladas varias botellas.
—Me gustaría solo una soda, con algunas gotas de limón —dijo Helena cuando Andrés le preguntó qué quería tomar.
Las cejas de Andrés se fruncieron, extrañado por la inusual petición, pero no hizo ningún comentario y, luego de sacar una botella de soda del refrigerador, exprimió uno de los limones de la cesta de frutas. Regresó al lado de Helena con