Valentina había llamado incontables veces, pero Diego seguía sin contestar. La villa del lago estaba igual de fría y solitaria. No parecía haber diferencia dónde estuvieran.
Entrada la noche, cuando la temperatura seguía bajando, finalmente no pudieron quedarse más tiempo sentados y tuvieron que volver a la villa del lago.
Al abrir la puerta, encontraron a Valentina dormitando en el sofá.
La villa estaba iluminada con una luz cálida y amarillenta, que la hacía parecer oscura pero acogedora.
Sin