Capítulo Ocho: Prueba de ADN
Nathan estaba furioso esa tarde. El coche avanzaba a paso de tortuga entre el tráfico vespertino, con bocinas sonando por todos lados, pero dentro del vehículo parecía que el aire se había esfumado. No dejaba de mirar por el retrovisor a Alex, y al final ya no pudo contenerse más.
—No vas a acercarte nunca más a esa mujer ni a esos niños. Se acabó. No hay discusión.
Alex se quedó callado un segundo, solo mirándolo con esos ojos grandes que siempre se ponían brillant