CAPÍTULO 67

Los primeros rayos del amanecer se filtraban a través de las contraventanas de madera de la cabaña, proyectando un suave resplandor en el interior rústico. Me estiré lánguidamente, sintiendo el calor del cuerpo de Caleb a mi lado. Su brazo rodeaba protectora y cariñosamente mi cintura, mientras su pecho subía y bajaba contra mi espalda en un ritmo constante y reconfortante.

Los acontecimientos de anoche—las promesas, la pasión, los votos tácitos—flotaban en el aire como un perfume embriagador
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