Mi pecho se sentía como si hubiera sido desgarrado, destrozado por la angustia grabada en su rostro. Había ensayado todas las formas posibles en que esto podría desarrollarse, repetido mis líneas en mi cabeza hasta que se volvieron segunda naturaleza. Pero cuando él vino caminando hacia nosotros a grandes zancadas, irradiando furia como el calor del asfalto, mi voz desapareció por completo.
“¿Lena? ¿Qué diablos es esto?”
Mantuve mi mirada fija en el pavimento, incapaz de encontrar los ojos de C