Había algo extrañamente dulce en su confesión. Otra canción se filtró por los altavoces, y nos dejamos llevar en silencio por un rato, nuestros cuerpos moviéndose como uno solo, fluidos y sincronizados.
Apoyando mi cabeza contra su pecho, solté un suspiro.
—Esto se siente bien. Honestamente, no pensé que lo disfrutaría.
Christian rozó su nariz contra mi sien.
—Yo tampoco. Normalmente no soporto este tipo de cosas.
¿Esa muralla que siempre mantenía en pie? Se estaba desmoronando poco a poco con