Punto de Vista de Reina
—Estás enfermo —le clavé un dedo en el pecho porque no alcanzaba a comprender qué demonios le pasaba por la cabeza.
Sus labios se contrajeron en una mueca de desprecio. —Intenta irte entonces. Te doy unas cuantas horas, pero no podrás. La policía y todo el mundo te pisarán los talones cuando te acuse de robar a mis hijos. Sé que no querrías manchar el nombre de tu familia; solo entonces sabrás lo enfermo que puedo llegar a ser.
Caminé a zancadas fuera del estudio. —¡Kare