No pasó mucho tiempo antes de que Samuel llegara a la Villa Rivera. Subió las escaleras y entró en la habitación de Ximena. Al verla acurrucada en la cama, sintió una extraña sensación de opresión en su pecho. Se acercó a la cama y tomó una silla para sentarse a su lado.
Al escuchar el ruido, Ximena abrió los ojos y miró a Samuel con voz ronca:
—¿Fue tu llamada solo una fachada?
Samuel se sorprendió.
—¿Me llamaste?
Dicho esto, sacó su teléfono y comprobó. Al ver la llamada perdida, se disculpó