Los dos cerraron la puerta con llave, disfrutando de la sensación de golpear el teclado.
Leo miró con calma a Nicolás, quien no podía apartar las manos de la computadora.
—Nicolás, debemos empezar a prepararnos.
Nicolás asintió.
—Sí, es hora de comenzar. Hemos desperdiciado demasiados días.
Leo encendió la computadora y mientras esperaba, miró por la ventana.
—No sé cómo estará Liliana ahora, no hemos tenido noticias suyas.
Nicolás se detuvo y miró a Leo sin palabras.
—Si no recuerdo mal, ell