—Está bien.
A orillas del río, los rescatistas observaron a las dos niñas que permanecían juntas sin moverse, incluso sin comer ni beber, así que les ofrecieron sus propias cajas de comida.
Paula agradeció y aceptó, pero Selene seguía de pie sin reaccionar.
El rescatista le aconsejó:
—Señorita Villalobos, come algo. Llevas mucho tiempo aquí parada, y así no podrás mantener tu energía.
Selene movió los ojos y con voz ronca preguntó:
—¿Hay alguna noticia?
El rescatista suspiró.
—Todavía no.
Sel