Nicolás se sintió conmovido.
—Liliana, te lo prometo, nosotros no estaremos en peligro.
Liliana levantó sus ojos enrojecidos.
—¿De verdad?
Nicolás asintió solemnemente.
—Sí, vamos a cuidarnos muy bien.
Justo cuando terminó de hablar, la puerta de la habitación se abrió y Paula entró con el desayuno.
Todos dirigieron su atención hacia ella, excepto Leo, que seguía concentrado en la computadora.
Paula colocó la comida en la mesa.
—No sabía qué les gustaría, así que compré un poco de todo.
Lili