Ximena, con ira y resentimiento, se volvió para mirar a Alejandro. Mientras tanto, Alejandro ya estaba marcando el número de Seba.
Pronto, Seba contestó y Alejandro, con una expresión sombría, ordenó:
—Dile a Yago que traiga a Manuela a Villa Rivera.
Seba respondió:
—Sí, señor Alejandro.
Alejandro miró a Ximena y dijo:
—Ella está bajo su disposición, después de todo, ya no tiene ningún valor para nosotros.
Ximena apretó los dientes, con una mirada llena de odio. Sus sospechas resultaron ser c