A medida que Ximena se acercaba más, se sentía cada vez más asustada y no se atrevía a seguir adelante.
La sensación de mareo estimulaba sus órganos internos, provocándole espasmos en el estómago y la sensación de querer vomitar.
No fue hasta que entró en la multitud que Ximena escuchó los comentarios de los transeúntes:
—¿A qué velocidad iba para que el coche quedara destrozado así?
—Ni siquiera pueden sacar a las personas, ¿tal vez ya no estén vivas?
—Mira esa mancha de sangre en el suelo, par