De repente, sonó un estridente claxon.
Alejandro levantó la vista de repente, pero al mismo tiempo, la voz de Ximena resonó en el interior del auto.
—Alejandro, cálmate, escucha...
Ximena no pudo terminar de hablar antes de que se escuchara un estruendo ensordecedor a través del teléfono.
En un instante, la mente de Ximena se quedó en blanco.
—Alejandro...?
El rostro de Ximena se volvió cada vez más pálido. Sin esperar la respuesta de Alejandro, temblorosa, lo llamó de nuevo,
—¿Alejo...?
—¡Mamá