Alejandro se inclinó de repente, levantándola horizontalmente desde el sofá.
Con la mirada baja y un leve frío en sus ojos, Alejandro miró fijamente a Ximena, su tono sin lugar para la resistencia:
—Si no estás de acuerdo, te haré trabajar hasta que te quedes dormida por tu cuenta.
Tan pronto como Ximena escuchó esas palabras, supo cuál era su intención.
Ella se debatió avergonzada:
—Alejandro, ¿no puedes dejar de hacer este tipo de cosas en pleno día?!
Llevando a Ximena, Alejandro subió las e