—Señor Méndez, ¿qué tal si... llevamos a la niña a ver a un psicólogo?— el médico sugirió al darse cuenta de la situación.
—¡No estoy loca!— Liliana dijo con enfado, —¡¿Por qué nadie me cree?!
Alejandro se acercó para calmarla,
—Liliana, solo sería una charla con el médico, no pasará nada malo.
Liliana, con los labios fruncidos y los ojos enrojecidos, dijo con tristeza,
—Nadie me cree, solo mamá y el tío Kerri me creen...
Alejandro suspiró en silencio. Viendo a su hija enojada, se sintió un po