Simona, tratando de calmar sus nervios, respondió:
—Sí, soy yo. ¿Tienes tiempo? ¿Podemos encontrarnos ahora?
—¡Por supuesto!— Mariano respondió de inmediato. —¿Dónde estás? ¡Voy por ti!
—Estoy en casa.
—¡En diez minutos!
Diez minutos después, Simona esperaba a Mariano abajo del edificio de apartamentos.
Ella subió al coche y ambos permanecieron en silencio, visiblemente nerviosos, durante el trayecto.
Hasta que, a mitad de camino, Mariano no pudo contenerse más y apretó el volante, preguntando: