El patio estaba lleno de basura y algunas cosas sucias y repugnantes, y apenas bajar del auto se podía oler un hedor nauseabundo.
Ximena se tapó la nariz y miró hacia la ventana de piso a techo destrozada y los guardias de seguridad con heridas en sus rostros parados en la puerta.
Se acercó a los guardias y les dijo:
—Esta noche, vayan a casa, descansen bien y tomen una ducha. Han trabajado duro en este tiempo.
Uno de los guardias respondió:
—Señorita Pérez, ya hemos contactado al personal de