Viendo el rostro distinguido y austero del hombre, Ximena revivió en su mente las imágenes de él y Manuela en situaciones comprometedoras. A medida que su corazón dolía, también sintió náuseas en el estómago. Levantó la mano para apartar la mano del hombre y no pudo evitar burlarse:
—Señor Méndez, ¿cómo estoy provocándolo?
Alejandro sonrió con frialdad.
—Acabo de regresar de un viaje de negocios y me has dado un gran regalo.
Un regalo...
El corazón de Ximena se heló, y pensó que Manuela probab