La expresión de Laura se endureció y su pecho subía rápidamente de la ira.
—¡Es imposible! ¡Estás difamando! ¡Puedo demandarte por esto!
Manuela fingió enojarse y se puso de pie.
—Señora, si no me cree, puede llamar a Ximena y preguntarle usted misma. Ya he dicho lo que tenía que decir. Deje que Ximena lo maneje por sí misma.
Con eso, Manuela salió de la habitación del hospital, dejando a Laura ansiosa y llena de dudas. Cuanto más pensaba en ello, más difícil le resultaba contener su enojo y s