—¿En qué estabas pensando hace un momento? —Ximena aún estaba inmersa en sus pensamientos cuando escuchó el furioso grito del hombre frente a ella.
Levantó la cabeza y se pasó la lengua por los labios mientras explicaba:
—Lo siento, no pude reaccionar a tiempo.
Al ver la expresión de culpa en el rostro de Ximena, la ira de Alejandro se desvaneció repentinamente, quedándose atrapada en su pecho.
—Está bien, sube al auto.
Ximena asintió en voz baja y echó un último vistazo al edificio del hospit