Ximena, pálida, negó con la cabeza. Si Linda no hubiera reaccionado rápido, probablemente ya estaría muerta.
Volvió a mirar a Linda y vio que tenía una larga y alarmante herida en el brazo.
Ximena se levantó rápidamente: —¡Linda, vamos al hospital!
Linda miró su brazo siguiendo la mirada de Ximena, con una expresión tan calmada que parecía no sentir dolor, sin siquiera fruncir el ceño.
—Es una herida pequeña, no es nada.
Ximena insistió: —¡Esto no es una herida pequeña! Vamos, te llevo al hospit