—Ciertamente, eres la heredera de los Rodríguez, con una gracia y encanto como ningún otro—elogió la multitud. —No solo eres amable y gentil, sino que también estás muy educada...
Escuchando los elogios de estas personas, Manuela sonrió con satisfacción. Todo estaba yendo exactamente como debía. Solo ella merecía esta adulación y admiración.
Dejando atrás a las damas, Manuela, con tacones altos, caminó con gracia hacia el escenario donde se exhibían sus fotos. Se paró frente al micrófono y comen