En la comisaría, Ximena estaba sentada en una silla, mirando calmadamente a los dos oficiales que la interrogaban, un hombre y una mujer. A pesar de haber sido interrogada durante una hora y no tener pruebas sustanciales en su contra, los oficiales se negaban a dejarla ir.
Ximena se preocupaba por sus hijos y preguntó: —¿Tienen alguna pregunta más?
La oficial mujer respondió con severidad: —Lo siento, no podemos liberarte todavía.
Ximena miró con indiferencia a los oficiales y dijo: —Acabamos de