Al notar que el otro lado se había quedado en silencio, Liliana preguntó:
—¿Qué pasó? ¿Por qué no dicen nada?
—Cr-creo que ya está todo bien, Liliana —respondió Mateo, aún nervioso—. Esa sensación tan desagradable desapareció.
—Probablemente lo lastimaste. No debería volver a molestar esta noche. Voy para allá de inmediato.
—De acuerdo.
Menos de media hora después de colgar, Liliana y Leo llegaron al edificio donde vivía Fabián.
Al subir, Mateo ya los esperaba con la puerta abierta.
Desde la ent