—Necesito que Leo identifique el ID que penetró el firewall antes de poder rastrearlo—explicó Nicolás frunciendo el ceño.
Leo, con determinación en su voz infantil, declaró:
—¡Media hora, máximo media hora!"
Aunque treinta minutos no parecían mucho tiempo, para ellos cada segundo se sentía como una eternidad. La tensión era palpable en el ambiente. Después de apenas diez minutos, Leo estaba tan concentrado y nervioso que comenzó a sangrarle la nariz. Todos se alarmaron al ver la sangre brotar,