Ximena intentó zafar su mano, pero Alejandro la sujetaba con fuerza y no pudo liberarse.
Lo miró furiosa y dijo:
—Alejandro, ¿acaso crees que nadie debería tener amigos del sexo opuesto? Además, ahora no tenemos ninguna relación, ¡no tienes derecho a meterte en de dónde vengo!
—¿Tan necesitada estás de hombres?—Alejandro estaba furioso por la elocuencia de Ximena. —¡Samuel! ¡Damián! ¿Quién más hay a tu alrededor?
—¡Muchísimos más!—gritó Ximena enojada. —¡Tengo todo tipo de hombres! Tengo dinero