En este momento, cualquier explicación o consuelo que él pudiera ofrecer no sería tan efectivo como que Ximena misma analizara los pros y contras de la situación.
Alejandro apartó las sábanas, se aseó y salió del dormitorio. Se detuvo frente a la puerta de la habitación de los niños y llamó.
Poco después, se oyó la respuesta de Leo: —No está cerrada con llave.
Alejandro entró y vio a los niños vistiéndose. —Vaya, se han levantado temprano.
Nicolás miró hacia la puerta y preguntó, frunciendo los