—Quiero que me enseñes a usar armas, necesito aprender a defenderme.
Mi afirmación hizo que él alzara la cabeza para mirarme a la cara al fin.
Desde que había entrado a su oficina me había estado ignorando.
Estoy perdiendo la cabeza aquí encerrada, desde hace un mes que lo único que hago es ir a las terapias y quedarme en mi habitación leyendo. Aunque esto último realmente lo amo.
—No necesitas hacerlo. Tienes a mis hombres para defenderte cuando yo no estoy. No debes preocuparte por tu segurid