—Señor Morales, descansa un poco.
—¿Soy muy débil? —David sonrió con ironía, sin poder determinar si su tono era afirmativo o interrogativo….
—Ella no quiso decir eso.
¡Él luchó solo contra ellos durante casi media hora! ¡Sin un solo rasguño! Claro que no era débil...
—Siéntate bien —Yaritza aceleró.
—¿Puedo abrazarte?
—¿Cómo? —Yaritza no lo escuchó claramente.
Al instante, unos brazos muy fuertes y poderosos la rodearon por la cintura.
Yaritza: ¡¿?!
¡Su corazón latía con fuerza! Era la primera