De repente, una voz fría resonó desde detrás de ellos… Yaritza estaba parada en el pasillo, sus palabras eran tranquilas, ¡pero llevaban consigo una fuerza inexplicable!
Todos se giraron para mirar a Yaritza, ¡sorprendidos por su presencia! Incluso las enfermeras se quedaron boquiabiertas, encontrando difícil creer lo que veían: ¡¿cuatro de esas personas presentes eran de ese tipo de sangre tan raro?!
Miguel resopló con desdén, claramente disgustado con Yaritza: —¡¿Acaso una persona de tan baja