—¿La tipa aún no se despierta? —Gervasio llevaba un cigarrillo en la boca y habló maliciosamente—. ¡Despiértala!
—¡Sí!
¡Un cubo de agua fue vertido sobre Yaritza! Ella frunció el ceño y abrió los ojos.
—Señorita Escobar, ¿me reconoces? —Gervasio miró a Yaritza y silbó presumido.
—¿Qué quieres? —Yaritza miró a Gervasio, fingiendo estar asustada, ¡pero las manos detrás de su espalda no dejaron de moverse!
Aunque los fragmentos de vidrio ya habían cortado la palma de su mano, creando heridas.
Sopor