—¡No está mal!
—Bueno. Dijiste que hemos pasado esto juntos, pero la elección de palabras no fue la adecuada. Deberías haber dicho que te salvé del peligro.
Juan se rio sin vergüenza: —Entonces… mi salvadora, por favor dime, ¿cuál es tu nombre?
—Soy Yaritza.
—¡Guau! ¡qué bonito!
Juan silbó: —¡Te llamaré Yaritza la guapa!
Yaritza estaba completamente sin palabras.
—Por favor, mantente enfocado en la carretera. Hay mil reglas para la carretera, la primera es la seguridad. Si no conduces correctame