—¿Empleado?
David escuchó esa palabra y sus labios se movieron levemente en dos muecas. Permaneció en completo silencio, con una expresión entre el llanto y la risa.
¿Empleado? Jaja…. ¡Realmente se atrevía a responder así!
Al instante, no dijo nada más. Simplemente levantó a Yaritza del sofá.
—David, ¿qué estás haciendo de nuevo? —Yaritza se asustó.
—¿No lo puedes ver? Te estoy abrazando.
Con sus bellos ojos oscuros y el cabello corto cayendo sobre su rostro, cubriendo sus ojos, David no dejó v