CAPÍTULO 20
SIENNA
Corbin me observa desde el otro lado de la estancia, ignorando por completo mi petición de que se marche. Esto sí que no había cambiado, siempre será el mismo hombre obstinado y terco que conozco. Sus ojos azules se oscurecen y los entorna. Su mirada ha pasado de suave y tranquilizadora a oscura y peligrosa. Comienza a avanzar hacia mí, con suaves y lentos, pero precisos movimientos, como un depredador acechando a su presa.
¿Por qué rayos le habré dicho eso? Era solo mi lo