La sala de interrogatorios permanecía sumida en el silencio. Henrique estaba sentado con los hombros aparentemente relajados, la mirada baja, fingiendo sumisión. Era un papel que conocía bien.
A su lado, un abogado observaba todo en absoluto silencio. Traje caro, expresión dura, manos cruzadas sobre el maletín cerrado. Abogado del movimiento. Sabía que, en aquella sala, cualquier palabra mal dicha podría ser la última en el sentido más literal de la palabra.
Al otro lado de la mesa, el comisari