Natalia estaba junto a los representantes chinos, hablando con uno de ellos en mandarín con naturalidad, cuando Cristina le dio un codazo en el brazo discretamente.
—Nat… mira quién ha llegado.
Natalia giró la cabeza lentamente.
Fernando caminaba por el salón. Alto, firme, rodeado de miradas admiradas. Él aún no la había visto. Pero Natália lo vio y sintió que el suelo temblaba bajo sus pies, que las piernas le fallaban.
Cristina susurró:
— Respira. Despacio.
Natalia lo intentó, pero no pudo ap