— Sí, es verdad, pero lo decía porque no quería a nadie pegado a mí vigilándome.
—Claro, así te quedabas sola con tu amante… y estabas tan ansiosa que te pasaste el día esperándolo. Parece que él tuvo más suerte que yo contigo, ¿no? Quizás yo pueda, quién sabe, sustituirlo por hoy.
Fernando avanzó lentamente, quitándose los guantes con calculada lentitud, mientras Natália retrocedía hasta quedar acorralada contra la pared.
— ¿Qué quieres decir con eso?
— Quiero saber, ¿qué tiene Carlos que yo n