David sintió como si unas manos invisibles estrujaran su ser, dejándolo sin aire y con una pesadumbre en su pecho. Sin pensarlo, quiso acercarse a mí. Pero yo me alejé. No quería tener ningún contacto con él. Ya lo menos que deseaba era que él siguiese estorbando mi camino.
Con mis ojos vacíos de emoción, hice que a David se le llenaran los ojos de lágrimas.
—Esmeralda, por lo que más quieras no hagas esto, de verdad no te va a pasar nada, ¿no me crees?
Él quería con todo su corazón que yo