Los ojos del hombre se abrieron de par en par, sorprendidos. Estaba seguro de que la pobre joven había muerto, y todo porque él se había encargado de cerrar las puertas y echarles el cerrojo desde fuera. Entonces empezó a temblar, creyendo con cada hueso de su cuerpo que aquella alma había regresado para vengarse de una injusticia que había cometido recientemente. Y por mucho que intentara negarlo, el espíritu burlón seguía riéndose de su desgracia y de su clara desesperación. Agarró los delica