Cesare y Madson se quedaron quietos, mirándose durante un rato. Ella transmitía certeza y dolor en su mirada, y él parecía tan sorprendido como decepcionado por recibir aquella afirmación de forma tan tajante.
– ¿Qué has dicho? ¿Qué has dicho? – Su voz tenía un timbre tan fuerte que era casi inaudible por el dolor que él sintió cuando ella reveló aquellas palabras.
– Me mataste, Cesare Santorini, y no necesitas que te lo repita. Sabes exactamente lo que hiciste aquel día.
– ¿Por qué? – no pudo