22. El chocolate caliente
Estaba en la cocina, esperando a que la leche calentara lo suficiente para preparar el chocolate. Mientras tanto, abrí un paquete de malvaviscos. Alessandro estaba sentado en la mesa del comedor, a solo unos pasos de distancia, observándome con una mano apoyada en la quijada.
—¿Pasa algo? —pregunté mientras removía la leche.
—Nada, solo que no esperaba que algo como esto me sucediera. —rió.
—¿A qué te refieres?
—Eres Isabel, la chica que he soñado desde niños. Primero trabajaste como secretaria