CAPITULO 56

Nuestras frentes se unieron ya sin poder resistirnos. Las lágrimas seguían brotando como si de una fuente inagotable se tratara.

Tiernamente rozó sus labios húmedos con los míos y sentí cómo mi garganta seca por la sed de sus besos, volvían a la normalidad con ese simple gesto.

—No puedes negar que sientes lo mismo que yo, gatita. Tu cuerpo te delata, te siento vibrar bajo mis manos —murmuró de manera sed

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