CAPITULO 55

Mi mundo, que había logrado cierta estabilidad después de tanto tiempo, tambaleó al oír aquella confesión. Y no porque no fuese de mi agrado escuchar de aquellos labios que me amaba, sino porque aquella confesión llegaba tarde, en el tiempo y momento equivocado.

Mentiría si negaba que escucharlo decir aquello, no hacía que mi alma y mi corazón se liberaran por completo de esa prisión en la que se hab&ia

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